Hay consultas que se repiten una y otra vez en el mostrador.
Una madre llega cansada, preocupada y, muchas veces, dolorida. Quiere seguir dando el pecho, pero algo no está funcionando como esperaba: tiene grietas, siente que produce poca leche, el bebé pide constantemente o aparece una zona dolorosa en el pecho.
En ese momento, nuestro papel como farmacéuticos puede ir mucho más allá de recomendar una crema, un sacaleches o una leche infantil. Lo primero es entender qué está ocurriendo.
Porque muchas dificultades de la lactancia tienen solución. Otras necesitan la valoración de una matrona, pediatra u otro profesional con experiencia en lactancia. Y habrá ocasiones en las que suplementar o utilizar fórmula sea necesario o termine siendo la opción elegida por la familia.
Acompañar bien consiste en saber distinguir unas situaciones de otras.
¿Por qué merece la pena intentar la lactancia materna?
Cuando es posible, la lactancia materna es la forma de alimentación recomendada durante los primeros meses de vida. La OMS y UNICEF recomiendan iniciarla en la primera hora de vida, mantenerla de forma exclusiva durante los primeros seis meses y continuar después junto con alimentación complementaria hasta los dos años o más, si madre e hijo así lo desean.
La leche materna cubre las necesidades nutricionales del lactante durante esa primera etapa y aporta anticuerpos y otros componentes biológicamente activos. La lactancia se asocia con menor incidencia de algunas infecciones durante la infancia y con beneficios para la salud materna.
Recomendar la lactancia materna no significa medir la calidad de una madre por su capacidad para amamantar.
Algunas lactancias son sencillas; otras necesitan apoyo. Algunas evolucionarán hacia una lactancia mixta y otras terminarán utilizando fórmula. Nuestro trabajo sanitario no debería añadir culpa.
Natural no significa necesariamente fácil
Que la lactancia sea fisiológica no significa que siempre resulte sencilla. Madre y bebé están aprendiendo al mismo tiempo, y el agarre, la posición, la frecuencia de las tomas, la transferencia de leche o determinadas circunstancias anatómicas pueden provocar dificultades.
A esto debemos sumar cansancio, recuperación tras el parto, presión familiar, falta de apoyo o reincorporación laboral. Por eso, antes de recomendar cualquier producto, una buena pregunta de mostrador es:
“Cuéntame exactamente qué está pasando.”
Muchas molestias del pezón empiezan por un agarre ineficaz. Antes de tratar la grieta, debemos intentar identificar su causa.
Problemas frecuentes de lactancia: cómo podemos ayudar desde farmacia
La lógica debería ser sencilla: identificar → preguntar → aconsejar → saber cuándo derivar.
Pensar primero en agarre y posición.
¿Duele toda la toma? ¿Hay herida? Lanolina purificada, hidrogel o Dolor intenso/persistente, infección,
Dolor y grietas Tratar solo la grieta puede no resolver
¿Cómo se agarra el bebé? apósitos según el caso. herida importante o falta de mejoría.
la causa.
¿Pecho muy tenso? ¿Puede agarrarse? Tomas frecuentes y extracción solo Compresas frías; sacaleches si Fiebre persistente, empeoramiento o
Ingurgitación
¿Hay fiebre? para aliviar. Frío local. procede. mal estado general.
No asumir hipogalactia por demanda Poca ganancia de peso,
“Tengo poca leche” ¿Gana peso? ¿Pañales? ¿Toma eficaz? frecuente o poca extracción con Sacaleches cuando exista indicación. deshidratación, letargia o
sacaleches. alimentación ineficaz.
¿Dolor, chasquidos o pérdida de No diagnosticar por aspecto; valorar
Sospecha de frenillo Ninguno corrige la causa. Derivar para valoración funcional.
agarre? funcionalidad.
Mastitis: cuidado con los masajes agresivos
Durante años fue frecuente recomendar masajes fuertes sobre las zonas endurecidas. Hoy sabemos que muchos cuadros forman parte de un proceso inflamatorio y que una manipulación intensa puede aumentar el edema y el traumatismo tisular.
Ante dolor e inflamación, conviene evitar masajes profundos, utilizar frío local, mantener la lactancia según tolerancia y valorar analgesia compatible cuando proceda. Fiebre persistente, empeoramiento general o una masa que no desaparece requieren valoración médica.
“Creo que no tengo suficiente leche”
Es una de las preocupaciones más habituales, pero que un bebé quiera mamar muchas veces o que con el sacaleches salga poca cantidad no demuestra por sí mismo una producción insuficiente.
Nos interesan datos más objetivos: evolución del peso, eficacia de las tomas, número de pañales mojados y estado general del bebé. Si estos parámetros son normales, muchas veces la madre necesita información y tranquilidad. Si no lo son, necesita valoración profesional.
Medicamentos: no suspender la lactancia por sistema
Otra consulta muy frecuente es: “Me han recetado este medicamento, ¿tengo que dejar de dar el pecho?”.
La respuesta no debería ser automáticamente sí.
La seguridad depende del principio activo, dosis, edad del bebé, prematuridad y alternativas disponibles.
Aquí el farmacéutico puede aportar mucho valor consultando bases especializadas como LactMed y recursos profesionales de lactancia.
Mensaje de mostrador: no suspendas ni tu tratamiento ni la lactancia sin comprobar antes su compatibilidad.
¿Cuándo entra en juego la fórmula?
Hablar de fórmula no debería plantearse como el final opuesto de la lactancia. Una suplementación temporal puede ser necesaria mientras se mantiene la producción y se resuelve el problema de fondo; en otras situaciones, la lactancia no puede mantenerse o la madre decide no continuar.
Tres ideas ayudan a ordenar la conversación:
• Una dificultad de lactancia no implica automáticamente usar fórmula.
• Suplementar temporalmente no significa necesariamente abandonar el pecho.
• Recurrir a fórmula no convierte la experiencia anterior en un fracaso.
No todas las fórmulas especiales responden al mismo problema. Antes de cambiar de leche conviene identificar qué síntomas presenta realmente el bebé.
Si necesitamos fórmula, ¿cuál recomendamos?
La composición de las fórmulas infantiles comercializadas en Europa está regulada. Existen requisitos para proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas, minerales y otros nutrientes.
Por eso, no tiene demasiado sentido elegir una fórmula estándar únicamente porque destaque que contiene hierro, vitamina D, calcio o DHA. La pregunta más útil es: ¿estamos ante un bebé sano que necesita una fórmula estándar o existe algún problema que requiere una fórmula especial?
Guía rápida de fórmulas infantiles
Estándar Bebé sano que necesita fórmula exclusiva Si existen síntomas relevantes, mala Ante síntomas clínicos o crecimiento
o complementaria. ganancia de peso, sangre en heces o inadecuado.
vómitos importantes.
Sin lactosa Situaciones concretas de intolerancia, No para gases, cólicos o llanto de forma Diarrea persistente, deshidratación o
sobre todo secundaria. rutinaria. pérdida de peso.
Aminoácidos Alergias graves o fracaso de determinadas No es el siguiente escalón ante cólicos o Debe utilizarse bajo indicación
fórmulas hidrolizadas. gases. especializada.
AR: no toda regurgitación necesita una leche especial
Regurgitar es muy frecuente durante los primeros meses. Si el bebé come bien, gana peso y se encuentra confortable, muchas veces estamos ante un fenómeno normal.
Antes de recomendar una fórmula AR conviene preguntar si existe dolor, rechazo de alimento, vómitos abundantes o problemas de crecimiento. Ante estos síntomas, no debemos limitarnos a cambiar la leche.
Sin lactosa: los gases no son un diagnóstico
Uno de los errores más frecuentes es asociar gases + cólicos + llanto con intolerancia a la lactosa. No necesariamente.
Además, intolerancia a la lactosa y alergia a proteínas de leche de vaca son problemas distintos. Una fórmula sin lactosa puede seguir conteniendo proteínas de leche de vaca y, por tanto, no sirve para tratar una alergia a esas proteínas.
Hidrolizadas: sospechar no es diagnosticar
La alergia a proteínas de leche de vaca puede producir síntomas digestivos, cutáneos o respiratorios. Pero gases, llanto, cólicos y regurgitación también aparecen con mucha frecuencia en bebés sanos.
Cuando existe una sospecha fundada, la valoración y el seguimiento deben realizarse desde pediatría. Las fórmulas extensamente hidrolizadas son una opción habitual cuando existe indicación clínica; las fórmulas de aminoácidos se reservan para situaciones más complejas.
Una regla sencilla para recordar
Bebé sano → fórmula estándar.
Regurgitación fisiológica → primero tranquilizar y valorar medidas generales.
Síntomas digestivos persistentes → no ir cambiando fórmulas a ciegas.
Sospecha de alergia → derivar.
Fórmulas extensamente hidrolizadas o de aminoácidos → utilizarlas con una justificación clínica clara.
Saber cuándo derivar también es atención farmacéutica
Una mala ganancia de peso, signos de deshidratación, dificultad importante para alimentarse, somnolencia anormal, fiebre persistente, deterioro general, dolor mamario intenso o sospecha de absceso son situaciones que requieren valoración.
No todo necesita un producto y no todo necesita una fórmula. A veces, la mejor intervención desde el mostrador es detectar que esa madre o ese bebé necesitan más ayuda.
Muchas veces, el valor de la farmacia no está en dispensar un producto, sino en escuchar, orientar y saber cuándo derivar.
Acompañar, no juzgar
Desde farmacia podemos resolver dudas, recomendar medidas de apoyo, comprobar medicamentos, ayudar con el sacaleches y detectar señales de alarma.
Pero quizá podamos hacer algo todavía más importante: no aumentar la presión.
Nuestro objetivo no debería ser mantener la lactancia a cualquier precio ni ofrecer un biberón ante la primera dificultad. Nuestro papel es ayudar a la madre a entender qué está ocurriendo, intentar solucionar aquello que tiene solución, derivar cuando sea necesario y acompañarla si finalmente utiliza lactancia mixta o fórmula.
Promover la lactancia materna y respetar a una madre cuando necesita otra opción no son ideas contradictorias. Eso también es cuidar.
Fuentes y lecturas recomendadas
- OMS. Alimentación del lactante y del niño pequeño (actualizado 4 agosto 2026). Enlace
- OMS. Lactancia materna – recomendaciones generales. Enlace
- Asociación Española de Pediatría. Grietas e ingurgitación. Enlace
- Academy of Breastfeeding Medicine. Clinical Protocol #36: The Mastitis Spectrum, Revised 2022. Enlace
- ESPGHAN. Position Paper on the Diagnosis, Management and Prevention of Cow’s Milk Allergy (2024). Enlace
- ESPGHAN/NASPGHAN. Pediatric Gastroesophageal Reflux Clinical Practice Guidelines. Enlace
- Unión Europea. Reglamento Delegado (UE) 2016/127 – preparados para lactantes y de continuación, versión consolidada vigente. Enlace
- NIH / NLM. Drugs and Lactation Database (LactMed). Enlace Nota: Este material es de divulgación profesional para farmacia y no sustituye la valoración individual por pediatría, matrona, medicina de familia u otros profesionales sanitarios cuando existe una indicación clínica.






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