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¿Si ya uso mi crema facial, para qué necesito un contorno de ojos?

Pamela
Pamela Díaz

¿«Si ya uso mi crema facial, para qué necesito un contorno de ojos?»

Es una objeción muy habitual en farmacia y, bien planteada, no tenemos que responder intentando convencer al paciente de que «necesita» un producto más.

La conversación debería empezar por reconocer que no siempre es imprescindible utilizar un contorno de ojos separado.

La pregunta correcta es:

¿La crema facial que utilizas es adecuada para la zona periocular y responde a lo que quieres mejorar?

Si la respuesta es sí, puede que no necesitemos añadir otro producto.

Pero si existen unas necesidades concretas en esa zona, una formulación específica puede tener sentido.

1. Primera respuesta: no entrar directamente en confrontación

Si el paciente dice:

«Yo ya tengo una buena crema facial. No necesito un contorno».

Podemos responder:

«Puede ser perfectamente. No por utilizar una crema facial necesitas obligatoriamente otro producto. Lo que tenemos que valorar es si esa crema está indicada para el contorno y si cubre lo que quieres mejorar».

Esta respuesta tiene una ventaja importante: genera confianza.

No estamos intentando vender por vender.

Estamos valorando una necesidad.

2. Entonces, ¿qué diferencia puede aportar un contorno?

La diferencia no está simplemente en que el envase diga «contorno de ojos».

Una formulación específica puede estar diseñada teniendo en cuenta:

  • las características de la piel periocular;
  • la tolerancia de una zona especialmente delicada;
  • la proximidad al ojo;
  • una textura determinada;
  • necesidades concretas como pigmentación, hinchazón o signos de envejecimiento;
  • concentraciones y combinaciones de activos adaptadas a esa zona.

Por eso podemos explicar:

«No es que la crema facial sea necesariamente mala para el contorno. La cuestión es que una fórmula específica puede estar diseñada para una zona y una necesidad diferentes».

3. El argumento más potente: «¿Qué quieres conseguir?»

En lugar de entrar en una discusión sobre si el contorno es necesario, volvemos a la necesidad del paciente.

Si responde:

«Solo quiero hidratar».

Podemos decir:

«Si tu crema facial te hidrata bien, la toleras y está indicada para utilizarse alrededor de los ojos, probablemente no necesites añadir otro producto solo por añadirlo».

Si responde:

«Quiero mejorar las arrugas».

Entonces cambia la conversación:

«En ese caso sí merece la pena revisar qué estás utilizando en esa zona. Hay fórmulas específicas con activos dirigidos al envejecimiento cutáneo y podemos buscar una que sea adecuada para el contorno y que toleres bien».

Si responde:

«Tengo ojeras».

Aquí debemos profundizar:

«Antes de elegir nada, habría que ver qué tipo de ojera tienes, porque no todas responden al mismo tipo de producto».

Si responde:

«Tengo bolsas».

Preguntamos:

«¿Son más marcadas por la mañana y después disminuyen o son prácticamente iguales durante todo el día?»

La recomendación vuelve a partir de la necesidad.

4. «Pero mi crema facial tiene los mismos ingredientes»

Esta es probablemente una de las objeciones más interesantes.

Si el paciente dice:

«Mi crema ya tiene ácido hialurónico».

No debemos responder:

«Sí, pero el contorno es mejor».

Eso sería demasiado simplista.

Podemos decir:

«Es verdad. El ácido hialurónico no deja de funcionar porque esté en una crema facial. Lo que tenemos que valorar es la formulación completa, la concentración, la tolerancia y para qué está diseñada. Si lo que buscas es hidratación y tu crema facial es adecuada para esa zona, quizá no necesites cambiar».

Y si existe una necesidad específica:

«Ahora bien, si además de hidratar quieres trabajar una preocupación concreta del contorno, puede tener sentido una fórmula diseñada específicamente para ella».

5. «¿No puedo utilizar mi crema facial alrededor de los ojos?»

La respuesta debe ser:

«Depende de la crema».

No debemos establecer una prohibición general.

Hay productos faciales que pueden estar indicados para determinadas zonas perioculares y otros que no.

Debemos comprobar:

  • indicaciones del fabricante;
  • composición;
  • potencial irritante;
  • zona de aplicación;
  • tolerancia individual.

Especialmente importante cuando hablamos de productos con activos como retinoides, exfoliantes o determinados despigmentantes.

Por eso podemos decir:

«No es que una crema facial no pueda utilizarse nunca alrededor de los ojos. Lo importante es saber si esa formulación está indicada para esa zona».

6. Una comparación que puede funcionar en mostrador

Podemos utilizar una analogía sencilla, pero sin exagerarla:

«Es parecido a utilizar el mismo producto de limpieza para todas las superficies de la casa. Puede funcionar en algunas, pero no necesariamente es la mejor opción para todas».

Sin embargo, debemos evitar transmitir la idea de que todo necesita un producto específico.

Otra forma más sanitaria:

«No buscamos tener una crema diferente para cada parte de la cara. Buscamos utilizar el producto adecuado cuando existe una necesidad concreta».

Esta segunda formulación probablemente sea más coherente con nuestro consejo farmacéutico.

7. Cuando el paciente piensa que solo queremos venderle otro producto

Aquí es donde el equipo debe cambiar completamente el enfoque.

Podemos decir:

«Si tu crema facial ya cubre lo que necesitas y puedes utilizarla en esa zona, no quiero que compres otro producto simplemente porque sea un contorno. Prefiero que veamos primero qué estás intentando mejorar».

Esta frase puede parecer paradójica, pero transmite algo muy importante:

nuestro criterio no depende de vender un producto adicional.

Y precisamente esa confianza puede hacer que el paciente valore más nuestra recomendación cuando realmente existe una razón para utilizar un contorno.

8. ¿Cuándo sí tenemos un buen argumento para recomendarlo?

Hay varias situaciones en las que puede tener sentido plantearlo:

La crema facial no está indicada para el contorno

Especialmente si contiene activos potencialmente irritantes o si el fabricante especifica zonas de aplicación diferentes.

Existe una preocupación específica

Por ejemplo:

  • pigmentación;
  • hinchazón;
  • arrugas;
  • sequedad;
  • sensibilidad.

Queremos utilizar una formulación mejor adaptada

Por tolerancia, textura, concentración o combinación de activos.

La rutina facial ya está bien planteada pero el contorno necesita un abordaje diferente

Aquí el contorno no sustituye necesariamente a la crema facial: responde a una necesidad concreta de la zona.

9. Lo que NO debemos decir

Hay algunos argumentos comerciales que deberíamos evitar.

❌ «La crema facial es demasiado fuerte para el contorno».

No siempre es cierto.

❌ «La piel del contorno es diez veces más fina».

Las cifras categóricas de este tipo pueden ser simplificaciones y no aportan nada al consejo.

❌ «Si no utilizas contorno, te saldrán antes las arrugas».

No podemos prometer ni afirmar una relación tan directa.

❌ «El contorno penetra mejor».

Depende de la formulación y del activo. No debemos utilizarlo como argumento universal.

❌ «Necesitas un producto específico porque la piel del contorno es diferente».

Es incompleto. La diferencia anatómica por sí sola no demuestra que todo el mundo necesite un producto separado.

10. La respuesta ideal en 30 segundos

Si necesitamos una respuesta rápida para el mostrador:

«No necesariamente necesitas un contorno solo porque sea el contorno de ojos. Si tu crema facial está indicada para esa zona, la toleras bien y cubre lo que quieres conseguir, puede ser suficiente. Ahora bien, si tienes una preocupación concreta como pigmentación, bolsas, arrugas o sensibilidad, podemos valorar si una fórmula específica tiene alguna ventaja para ti. Lo importante no es añadir otro producto, sino utilizar el adecuado para la necesidad que tienes».

Esta debería ser la filosofía del equipo.

11. El verdadero objetivo no es vender un contorno

La pregunta que debemos hacernos como profesionales no es:

«¿Cómo consigo que el paciente compre un contorno?»

Es:

«¿Existe una razón farmacéutica para recomendar un producto específico para el contorno?»

A veces la respuesta será sí.

Y otras veces será:

«Con lo que utilizas actualmente es suficiente».

Ambas respuestas pueden ser un buen consejo.

Porque nuestra función no es llenar la rutina del paciente de productos.

Es individualizarla.

Y cuando sí recomendamos un contorno, debemos ser capaces de explicar exactamente por qué:

«Te lo recomiendo no porque sea un contorno de ojos, sino porque, por lo que me has contado, necesitas trabajar X y esta formulación está pensada para esa necesidad y para esa zona».

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