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¿Estoy estresado o ya es agotamiento? La diferencia que conviene saber a tiempo

noelia comesana
Noelia Comesaña

Hay épocas en las que parece que no llegamos a todo.

El trabajo, la familia, las responsabilidades, dormir peor de lo habitual, intentar comer bien, hacer algo de ejercicio… y, aun así, sentir que nos falta energía.

Entonces aparecen frases muy habituales en la farmacia:

«Estoy estresado».«Estoy agotado».«Necesito algo para tener más energía».

Pero estas tres frases no siempre significan lo mismo.

Y aquí es donde una conversación aparentemente sencilla puede convertirse en una verdadera intervención sanitaria.

Porque antes de recomendar algo para el cansancio, hay que averiguar de qué cansancio estamos hablando.

Estrés: cuando sentimos que no llegamos

El estrés es una respuesta natural ante situaciones que percibimos como difíciles o exigentes. Puede aparecer cuando sentimos que tenemos demasiado trabajo, problemas familiares, presión económica, cambios importantes o demasiadas responsabilidades.

En cierta medida puede ayudarnos a afrontar los retos cotidianos. El problema aparece cuando es excesivo o se mantiene en el tiempo.

Y no siempre se presenta diciendo «estoy estresado».

Puede aparecer como irritabilidad, dificultad para concentrarse o relajarse, dolores de cabeza o musculares, molestias digestivas, alteraciones del sueño o cambios en el apetito.

Por eso, cuando alguien nos dice:

«Desde que tengo más trabajo estoy así».

«Llevo semanas con un problema familiar».

«No paro en todo el día».

probablemente ya tenemos una pista importante.

Hay un contexto que nos ayuda a entender el síntoma.

Pero no siempre ocurre así.

No todo cansancio es estrés

Todos podemos estar cansados después de una semana especialmente intensa.

Dormimos, descansamos y poco a poco recuperamos nuestra energía.

La situación cambia cuando el cansancio se mantiene, no mejora como esperaríamos o empieza a interferir en nuestra vida cotidiana.

En la farmacia podemos encontrarnos con personas que cuentan:

  • «Me levanto cansado aunque haya dormido».
  • «No tengo energía para hacer nada».
  • «Antes hacía deporte y ahora no puedo».
  • «Me cuesta concentrarme».
  • «Estoy durmiendo fatal».
  • «Estoy teniendo más caída de cabello».
  • «Como bien, pero sigo agotado».
  • «Ya estoy tomando vitaminas y sigo igual».

No significa necesariamente que exista una enfermedad.

Pero tampoco deberíamos asumir automáticamente que es estrés.

La fatiga puede relacionarse con el sueño, los hábitos, la alimentación, el estrés, determinados medicamentos o problemas de salud muy diferentes.

El síntoma puede ser el mismo. La causa no tiene por qué serlo.

La pregunta que puede cambiar toda la conversación

Cuando alguien llega buscando «algo para el cansancio», quizá la pregunta más útil no sea:

«¿Quieres algo para la energía?»

Sino:

«¿Qué ha cambiado y desde cuándo?»

Es una pregunta sencilla, pero abre muchas puertas.

¿Ha cambiado su trabajo?

¿Está durmiendo peor?

¿Ha empezado una dieta?

¿Ha dejado de hacer ejercicio?

¿Está atravesando una situación personal complicada?

¿Ha comenzado algún medicamento?

¿Está tomando varios complementos?

¿Ha aparecido algún otro síntoma?

¿Hace cuánto que se encuentra así?

A veces encontramos rápidamente una explicación.

Y otras veces no.

En ese caso, precisamente, es cuando debemos evitar que la respuesta sea simplemente:

«Tómate unas vitaminas».

La entrevista del cansancio

No hace falta convertir la conversación en un interrogatorio.

Pero sí podemos tener algunas preguntas clave que nos ayuden a orientar la situación.

1. ¿Desde cuándo te encuentras así?

No es lo mismo llevar tres días después de una semana especialmente intensa que llevar varios meses.

También interesa saber si el cansancio ha ido aumentando progresivamente.

2. ¿Cómo estás durmiendo?

No solo importa cuántas horas duerme una persona.

También interesa saber si concilia bien el sueño, si se despierta durante la noche y, sobre todo:

¿Te levantas descansado?

3. ¿Ha cambiado tu alimentación?

Dietas restrictivas, pérdida de apetito, cambios importantes de peso o una alimentación poco variada pueden ser relevantes.

4. ¿Haces ejercicio o actividad física?

Tanto la falta de actividad como un aumento brusco de la actividad pueden influir en cómo nos encontramos.

5. ¿Ha aumentado tu carga de trabajo o tus responsabilidades?

Aquí pueden aparecer situaciones de estrés que inicialmente la persona no había relacionado con el cansancio.

6. ¿Ha ocurrido algún cambio importante últimamente?

Una situación familiar, un cambio laboral, una época especialmente exigente o cualquier circunstancia que esté suponiendo una carga adicional.

7. ¿Has empezado algún medicamento o complemento?

Esta pregunta es especialmente importante cuando la persona ya está tomando varios productos.

Añadir un complemento más no siempre es la solución.

8. ¿Hay algún otro síntoma?

Dolor, fiebre, pérdida de peso no buscada, palpitaciones, falta de aire, alteraciones importantes del sueño, cambios digestivos, dificultad marcada para concentrarse u otros síntomas pueden cambiar completamente la orientación.

Y una última pregunta puede ser muy útil:

«¿Cuándo fue tu última revisión o analítica?»

No porque toda persona cansada necesite hacerse una analítica. La necesidad de realizar pruebas debe decidirla el profesional sanitario según los síntomas y la historia de cada persona.

¿Cuándo debemos mirar un poco más allá?

No existe una única frontera que permita decir: «a partir de aquí el cansancio es preocupante».

Importan la duración, la intensidad, la evolución y los síntomas acompañantes.

Pero hay situaciones en las que conviene dejar de pensar únicamente en autocuidado:

• El cansancio lleva semanas y no sabemos por qué.

• No mejora pese a descansar o modificar hábitos.

• Interfiere claramente en las actividades habituales.

• Va acompañado de otros síntomas.

• Existe pérdida de peso no buscada u otro cambio importante.

• Hay una enfermedad previa o un tratamiento que podría estar relacionado.

En estos casos, nuestra función no es diagnosticar.

Es detectar que quizá hace falta mirar un poco más allá y orientar adecuadamente.

¿Y qué podemos hacer desde la farmacia?

Aquí es donde tiene sentido hablar de terapia combinada.

Pero entendida de una manera diferente a:

«vitamina + magnesio + ginseng = solución».

Una intervención adecuada puede combinar:

Educación sanitaria + hábitos + recomendación cuando esté justificada + seguimiento + derivación cuando sea necesario.

Si detectamos sobrecarga o estrés

Podemos trabajar sobre aquello que está contribuyendo al problema:

  • mejorar el descanso;
  • establecer horarios;
  • introducir momentos de desconexión;
  • mantener actividad física adaptada;
  • revisar hábitos que interfieran con el sueño;
  • ayudar a identificar qué está manteniendo esa situación.

A veces, la primera intervención no está en una caja.

Está en ayudar a la persona a poner nombre a lo que le está pasando.

Si el problema principal es el sueño

Antes de pensar en «algo para tener más energía», quizá tengamos que preguntarnos:

¿Está descansando realmente?

Horarios regulares, un entorno adecuado para dormir, desconexión antes de acostarse y revisión de determinados hábitos pueden ser más importantes que añadir otro producto.

Si existe una alimentación inadecuada

Primero hay que conocer qué está comiendo.

Una alimentación variada y suficiente es la base. La suplementación puede tener sentido en situaciones concretas, pero no debería convertirse en la respuesta automática ante cualquier cansancio.

Si ya está tomando varios complementos

Aquí tenemos una oportunidad especialmente interesante como profesionales.

Revisar:

  • qué está tomando;
  • por qué;
  • desde cuándo;
  • en qué dosis;
  • qué espera conseguir;
  • y si está duplicando ingredientes.

Puede ser mucho más útil que recomendar un producto nuevo.

Antes de sumar algo, preguntémonos qué problema estamos intentando resolver.

¿Y las vitaminas, el ginseng, el magnesio…?

Que una persona esté cansada no significa automáticamente que tenga una carencia nutricional.

Y que un producto se comercialice para «energía» tampoco significa que vaya a solucionar el origen del problema.

Los complementos pueden tener un papel concreto en determinadas circunstancias, pero su recomendación debe hacerse teniendo en cuenta la situación de la persona, su alimentación, lo que ya toma y sus medicamentos.

La EFSA recuerda que los complementos alimenticios deben complementar, y no sustituir, una alimentación adecuada y un estilo de vida saludable.

Por eso, en ocasiones la mejor recomendación puede ser un producto.

Y en otras puede ser:

«Creo que antes de tomar nada más, sería conveniente que lo comentaras con tu médico».

Eso también es consejo farmacéutico.

¿Y el famoso «burnout»?

Conviene no utilizar este término para describir cualquier situación de cansancio.

La OMS considera el burn-out un fenómeno específicamente relacionado con el estrés crónico en el contexto laboral, caracterizado por agotamiento, distanciamiento mental o negatividad respecto al trabajo y sensación de menor eficacia profesional.

Por tanto:

No todo cansancio es burnout.

No todo estrés es burnout.

Utilizar las palabras adecuadas nos ayuda a no banalizar situaciones diferentes.

El verdadero valor está en las preguntas

En muchas ocasiones, la persona que llega a la farmacia esperando que le recomendemos «algo para el cansancio» quizá necesite, antes que nada, que alguien le ayude a ordenar lo que está pasando.

Porque detrás de un mismo síntoma pueden existir situaciones muy diferentes.

Una persona puede estar simplemente atravesando una semana complicada.

Otra puede estar durmiendo mal desde hace meses.

Otra puede haber cambiado radicalmente su alimentación.

Otra puede estar tomando varios productos sin saber exactamente por qué.

Y otra puede necesitar una valoración médica porque el cansancio no tiene una explicación evidente.

El síntoma es el mismo. La intervención no debería serlo.

Una última idea para llevarnos al mostrador

Quizá el objetivo no sea conseguir que la persona salga de la farmacia con «algo para tener más energía».

Quizá sea conseguir que salga con una orientación adecuada sobre qué puede estar ocurriendo y cuál es el siguiente paso más sensato.

Porque:

No todo cansancio es estrés.Y no todo cansancio se soluciona con un complemento.

Y quizá una de las mejores herramientas que tenemos como profesionales sanitarios no esté en una estantería.

Está en una pregunta:

«¿Qué ha cambiado y desde cuándo?»

Fuentes y referencias

  • Organización Mundial de la Salud (OMS). Estrés. Preguntas y respuestas.
  • Organización Mundial de la Salud (OMS). Burn-out, incluido en la CIE-11 como fenómeno ocupacional.
  • National Health Service (NHS). Tiredness and fatigue: causas, autocuidado y situaciones en las que consultar.
  • National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Myalgic encephalomyelitis (or encephalopathy)/chronic fatigue syndrome: diagnosis and management (NG206).
  • National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Suspected cancer: recognition and referral (NG12).
  • European Food Safety Authority (EFSA). Información sobre complementos alimenticios y declaraciones de propiedades saludables.
  • Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos. Documentación sobre autocuidado, astenia, cansancio y fatiga.
  • Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (SEFAC). Guía de actuación en síntomas menores, 3.ª edición, 2025.

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