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Menopausia: qué cambia de verdad, qué es normal y cuándo consultar

Pamela
Pamela Díaz

Menopausia: mucho más que sofocos. Qué cambios son esperables y cuándo conviene consultar

“Será la menopausia”.

Es una frase que escuchamos con frecuencia. Una mujer empieza a dormir peor, tiene sofocos, está más irritable, nota cambios en su deseo sexual, se encuentra más cansada o tiene la sensación de que le cuesta concentrarse como antes. Y, como todos esos síntomas pueden aparecer durante la transición menopáusica, es fácil atribuirlos a la misma causa y seguir adelante.

El problema no está en reconocer que la menopausia puede producir muchos de estos cambios. El problema aparece cuando “es la menopausia” se convierte en una explicación que hace innecesario valorar cualquier otra cosa.

La menopausia es una etapa normal de la vida, pero también es una etapa de cambios. Algunos se notan mucho. Otros ocurren de manera silenciosa y pueden tener consecuencias importantes para la salud a medio y largo plazo. Por eso merece la pena mirar un poco más allá de los sofocos.

Lo que solemos notar primero

Los sofocos y la sudoración son probablemente los síntomas más conocidos. Pero no son los únicos.

Durante la transición menopáusica pueden aparecer alteraciones del sueño, cambios en el estado de ánimo, irritabilidad, dificultades de concentración o sensación de “niebla mental”, disminución del deseo sexual y síntomas genitourinarios. La intensidad y la combinación de síntomas varían mucho de una mujer a otra.

También pueden producirse cambios en la composición corporal y en distintos factores metabólicos y cardiovasculares. La transición menopáusica se acompaña de cambios hormonales y coincide además con el proceso de envejecimiento, por lo que es un buen momento para prestar atención a la tensión arterial, el colesterol, el peso, la actividad física y otros factores de riesgo cardiovascular. La menopausia no significa que una mujer vaya a desarrollar una enfermedad cardiovascular, pero sí es una etapa en la que conviene revisar cómo está su salud cardiovascular.

Y aquí aparece una diferencia importante: lo que molesta no siempre es lo que más debemos vigilar.

Hay cambios que no se sienten

Una mujer puede saber perfectamente cuándo ha tenido un sofoco. Es mucho más difícil notar que está perdiendo masa ósea o muscular o que determinados factores de riesgo cardiovascular están aumentando.

La disminución de los estrógenos alrededor de la menopausia se relaciona con una aceleración de la pérdida de masa ósea, aunque el riesgo de osteoporosis depende también de muchos otros factores. Por eso la salud ósea merece atención, especialmente cuando existen factores de riesgo adicionales.

Algo parecido ocurre con la masa muscular. No basta con pensar en el peso corporal. Mantener una alimentación adecuada y, especialmente, incorporar ejercicio de fuerza y actividad física regular es una de las herramientas importantes para conservar función y músculo a medida que pasan los años.

Por eso, hablar de menopausia no debería limitarse a preguntar cuántos sofocos tiene una mujer.

También deberíamos preguntarnos cómo duerme, cómo se encuentra emocionalmente, cómo está su tensión arterial, qué ocurre con sus factores de riesgo cardiovascular, cómo se alimenta, cuánto ejercicio hace y qué antecedentes personales y familiares pueden modificar sus necesidades de seguimiento.

Normalizar no significa resignarse

Hay una diferencia entre decir que un síntoma puede formar parte de la menopausia y decir que hay que soportarlo sin hacer nada.

Si los cambios de ánimo son importantes, afectan a la vida diaria o aparecen síntomas compatibles con depresión, no deberíamos quedarnos simplemente con la explicación de que “es por las hormonas”. Lo mismo ocurre cuando un síntoma es intenso, persiste, empeora o aparece acompañado de otras señales que requieren valoración.

La menopausia puede explicar muchas cosas, pero no todo lo que ocurre durante los 45, 50 o 55 años tiene necesariamente su origen en ella.

Por eso los controles médicos siguen siendo importantes. No existe una analítica idéntica que todas las mujeres deban hacerse por el simple hecho de llegar a la menopausia. El seguimiento debe adaptarse a la edad, antecedentes, síntomas y factores de riesgo de cada persona. Lo importante es no perder de vista aquellos problemas que pueden avanzar sin producir síntomas claros.

Y entonces aparecen las redes sociales y los suplementos

Cuando una mujer empieza a buscar respuestas es muy fácil encontrarse con una enorme cantidad de recomendaciones: productos para los sofocos, plantas para dormir, isoflavonas, cimicífuga, omega 3, productos para el colesterol…

El problema no es que un suplemento sea “natural”. El problema es pensar que natural significa automáticamente seguro, eficaz o adecuado para cualquier persona.

Algunos preparados tienen indicaciones o evidencia para determinados síntomas. Por ejemplo, la Agencia Europea de Medicamentos reconoce determinados preparados medicinales de cimicífuga para el tratamiento de molestias menopáusicas como sofocos y sudoración, pero también recoge precauciones y posibles efectos adversos, incluidos problemas hepáticos.

Eso es muy diferente de recomendar cualquier producto de cimicífuga que aparezca en redes sociales.

Con los suplementos ocurre además algo fundamental: hay que saber cuándo tienen sentido y cuándo dejan de ser suficientes. Una mujer con una alimentación adecuada, sin déficits y con un determinado síntoma puede encontrarse en una situación muy diferente de otra con antecedentes médicos, medicación concomitante o factores de riesgo.

Por eso el consejo profesional importa.

La farmacia también es un lugar para preguntar

La farmacia no sustituye a la consulta médica. Pero tampoco debería limitarse a dispensar productos.

En esta etapa podemos ayudar a resolver dudas sobre un suplemento, revisar posibles interacciones, explicar cómo utilizar correctamente una medicación prescrita, detectar problemas relacionados con el tratamiento y, sobre todo, identificar situaciones en las que conviene derivar al médico.

También podemos hablar de hábitos: ejercicio, alimentación, sueño, consumo de alcohol y tabaco, salud ósea, masa muscular y otros aspectos que forman parte de una visión más completa de la menopausia.

Y hay una situación que merece especial atención: cuando una mujer recibe una prescripción y no la empieza porque ha leído algo preocupante en redes sociales.

Esto ocurre también con la terapia hormonal de la menopausia. Ni debe considerarse un tratamiento obligatorio para todas las mujeres ni debería rechazarse automáticamente por miedo. Su utilización requiere valorar de forma individual los síntomas, antecedentes, riesgos, beneficios, tipo de tratamiento y características de cada mujer.

Si existe una duda sobre un tratamiento prescrito, lo adecuado no es abandonarlo por cuenta propia ni sustituirlo por un suplemento encontrado en Internet. Es preguntar. Al médico o al farmacéutico, según la cuestión.

Conocer los cambios para tomar mejores decisiones

La menopausia no es una enfermedad. Pero tampoco tiene por qué vivirse desde la resignación.

Los sofocos pueden ser lo que lleve a una mujer a pedir ayuda, pero la conversación puede ir mucho más allá: sueño, estado de ánimo, sexualidad, salud cardiovascular, huesos, músculo, alimentación, ejercicio, medicación y suplementos.

Y quizá ese sea uno de los mensajes más importantes: no todas las mujeres necesitan lo mismo.

A algunas les bastarán cambios en el estilo de vida y medidas para aliviar determinados síntomas. Otras necesitarán suplementos en situaciones concretas. Otras requerirán tratamiento médico. Y muchas necesitarán una combinación de medidas a lo largo del tiempo.

La clave está en saber distinguir unas situaciones de otras.

La farmacia puede acompañar ese proceso. Escuchar, informar, detectar dudas, revisar tratamientos y saber cuándo es el momento de derivar al médico también forma parte del cuidado.

Porque conocer la menopausia no debería servir para acostumbrarnos a todos sus síntomas. Debería servir para entender qué está pasando, cuidar lo que podemos cuidar y pedir ayuda cuando realmente la necesitamos.

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